¿Vieja yo? Vieja la cédula

¿Te ha pasado que te encuentras con una antigua conocida (contemporánea) y la ves viejísima? ¿Te ha sucedido con varias amigas? Si ha sido así, te tengo una buena y una mala noticia. A ver… por cuál empiezo… mejor la mala para que la buena amortigüe el golpe. La mala, es que seguro te ves muy parecida a ellas (lo siento… el calendario también se movió contigo) y la buena, es que eso le pasa a la mayoría de la gente. ¿Por qué sucede eso? Simple. Hacemos negación del paso de los años sobre nosotras. Sé que estás pensando que conoces a algunas personas que en serio se ven mucho más viejas que tu. Bueno, te aseguro que no son tantas. Yo aquí me ocupo del promedio y la idea no es criticar a nadie, sino mirarnos a nosotras mismas, con realismo y mucho amor al mismo tiempo.

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Seamos honestas. La VEJEZ nos aterra. Las canas, son lo de menos. Si a uno no le gustan, se las tiñe y ya. Las arrugas tampoco tienen buena prensa, pero una arruga más o una menos no afecta la calidad de vida (están las cremas, las cirugías o simplemente, aprender a no darles tanta importancia). Lo que verdaderamente nos espanta son otras cosas, como por ejemplo creer que no somos bellas o deseables (falso, pero creerlo nos amarga la existencia); otra cosa que nos atemoriza es la soledad, la dependencia de cualquier tipo y las enfermedades asociadas a la vejez. Espero que todavía estés conmigo. Te prometo que esto se compone, pero a las cosas hay que llamarlas por su nombre para poder afrontarlas. ¿Estamos de acuerdo?

Viejo no es sinónimo de deteriorado

Pensemos en algunos ejemplos. ¿Cierto que no hay nada más cómodo que un par de zapatos viejos, más delicioso que una pijama vieja, más romántico una vieja canción de amor y más amado que un viejo amigo? Y todos  tienen algo en común: hemos tenido una relación personal con ellos, los hemos domado, nos traen recuerdos, nos hacen sentir cómodas y seguras. Pues bien, mis queridas amigas, nuestro cuerpo se parece a ellos en algunos aspectos.

Tu cuerpo, ese amigo fiel, te ha acompañado desde el primer segundo de tu vida. Se ha ido transformando con el paso del tiempo y seguirá haciéndolo, es su naturaleza. ¿Qué parecido puede tener con tus zapatos viejos? Ya lo conoces, lo has andado y si… tal vez tus zapatos nuevos son brillantes o están a la moda, pero sólo se vuelven cómodos, cuando has pasado un tiempo con ellos (no aplica a tenis, ni a chanclas). ¿Y qué tal la pijama vieja? ¿Esa que no has logrado desterrar del cajón? Ella sabe muchos secretos tuyos, te ha acompañado en muchos sueños y pesadillas, es como una confidente. Tu cuerpo, también ha estado allí, es el único lugar donde nadie manda más que tú.

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Crecer 

Vengo a venderte la palabra VEJEZ, de manera diferente. Para un niño de cuatro años, su hermano adolescente es viejo. Para el adolescente, el tío de veinticinco es viejo y sus padres de treinta o cuarenta, son viejísimos (además, no saben nada). Para el de cuarenta, el de cincuenta se está poniendo viejo y para el de cincuenta, el de sesenta y cinco ya está como mayorcito. Para el de sesenta y cinco el de setenta todavía está entero y para todo el mundo los mayores de ochenta, son venerables ancianos (excepto los que no se sienten así).

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Espero que no te esté dando vueltas la cabeza. Traje todas estas cifras para mostrarte que la vejez no es un estado, sino una mirada. ¿Me sigues? No estoy poniéndole pañitos de agua tibia a algo que a muchos nos talla. No. Estoy aterrizando el concepto (no la definición) de vejez. Te estoy diciendo que el asunto de ser viejo, no es una cuestión de números, sino de percepción personal. En otras palabras, el asunto de la vejez depende de cómo me veo y siento yo, en relación a los demás (y obviamente, conmigo misma).

Te propongo dejar de temerle a la VEJEZ (a la tuya), y empezar a abrazar la posibilidad de CRECER. Ya no necesitas ir tan rápido, sino saber a dónde vas. Tampoco necesitas competir con nadie, porque sabes quién eres. Ya no andas como loca tras metas impuestas por otros, porque sabes lo que quieres. Crecer significa evolucionar, cerrar etapas, ir por experiencias diferentes y nuevas, dejar atrás el pasado, lo que se hizo y también lo que no se hizo, aceptar que todo se transforma (especialmente nuestro cuerpo y nuestra manera de ver la vida).

Ahora bien, este artículo no pretende ser un tratado psicológico ni sociológico acerca de la vejez. Lo que vengo a proponerte es una manera de combatir el miedo a la vejez. Corrijo, el miedo a tu propia vejez. Lo de detener el envejecimiento natural de los seres vivos se lo dejo a los científicos.

Vamos a espantar el miedo a la vejez

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ESTRATEGIA #1: Acéptalo, el tiempo va pasando lo quieras o no. Rebelarte ante lo que inevitable, es un gasto de energía que podrías usar en ir a tomar un café con tus amigas, estudiar algo nuevo, hacer algo que te gusta o disfrutar feliz una película con palomitas de maíz incluidas.

ESTRATEGIA #2: Usa ropa de tu talla. Usar una talla menos no te va a encoger los gorditos y una talla más no te va a hacer más delgada y menos, más joven. Lo que hay es lo que hay. Si quieres adelgazar o engordar, hazlo, pero querer disimular usando ropa fuera de tu talla, no te hará ver más joven, en cambio sí desaliñada. Que al mirarte al espejo, puedas dedicarte una sonrisa y decirte… qué guapa estoy. Te invito a leer el artículo de CINCUENTAÑEZ Y MÁS, Sé fiel a tu estilo.

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ESTRATEGIA #3: Pon fotos actualizadas en el lugar de tus fotografías familiares o de paseos. Ver continuamente tu imagen de hace diez, quince o cuarenta años, te hará compararte continuamente con tu imagen actual.

ESTRATEGIA #4: Comparte con personas de tu misma generación. Está bien tener amigas más jóvenes o mayores, todas nos aportan, pero no hay duda de que hay intereses generacionales de los que disfrutamos mucho.

ESTRATEGIA #5: Habla de tus problemas de salud con tu médico, no con todo el mundo. Hablar de dolores aquí o allá, de la gastritis, del reflujo, de los calores de la menopausia como centro de conversación, no sólo aumenta el temor a la vejez, sino que acelera el proceso. Bueno, de vez en cuando uno necesita desahogarse o pedir un consejo o quejarse un poquito, tampoco vamos ser extremistas, pero…ojalá que no sea el centro de tus conversaciones.

ESTRATEGIA #6: Deja de preocuparte por lo que piensen o digan los demás. Es más, deja de preocuparte por lo que pensabas antes sobre lo que es hacerse mayor. Si te llaman inmadura por hacer cosas que no se suponen que son de tu edad, si opinan sobre tus canas (cuando te las dejas o te las pintas), si opinan sobre tu peso o tu relación de pareja (o tu ausencia de relación), recuerda que lo que los otros opinan de ti, dice más de ellos que de ti. Como dice el “viejo” refrán, A PALABRAS NECIAS, OÍDOS SORDOS.

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Ahora, cuando te digan vieja, podrás responder… ¿vieja yo? Si. ¿Y qué? Soy como el buen vino, que con el tiempo se pone mejor, como las viejas ciudades, llenas de historia, belleza, arte y misterio.

2 comentarios sobre “¿Vieja yo? Vieja la cédula

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