No tengo tiempo

El otro día leí esta frase: si quieres que algo se haga rápido, pídeselo a alguien ocupado. Y ¿saben? tiene mucho de verdad, pero no debería ser así. En todo caso, es una realidad. Yo aún me encuentro profesionalmente activa y además siempre ando metida en algún curso nuevo, así que tengo fama de ocupada. Yo no lo siento así. Sólo sé que si organizo mi agenda de manera inteligente, me quedará suficiente tiempo para hacer lo que yo quiera. Cuando tengo ese tiempo libre, me pasan estas cosas:

AL FIN ME PUEDO SENTAR A ESCRIBIR, entonces voy a la cocina a prepararme un café. Encuentro unos platos sucios, los lavo y aprovecho para guardar los platos secos. Abro la nevera  (no sé para qué, ni siquiera tengo hambre) y encuentro la jarra de agua vacía. La saco y se me enreda una mandarina. La pelo y echo las cáscaras a la basura. Veo que está llena, decido sacarla y cambiar la bolsa. Al volver a entrar a la casa veo polvo en la mesa de la sala, así que voy por un trapo y la limpio; la plantita de la sala se ve triste así que decido echarle un poco de agua. Voy a buscar la regadera al lavadero y paso por la cocina; el café está listo, huele delicioso y me sirvo una taza. Suena el celular y veo que me han mandado un chiste en uno de los grupos (tengo un montón) y me detengo para responder con un jajajaja. Suena la alarma de mi agenda para avisarme que en media hora tengo una clase. Dejo el café a medio tomar, la planta sin regar, la mandarina sin comer, el artículo sin escribir, agarro mi bolso y salgo corriendo porque voy a llegar tarde. Cuando voy al carro me digo a mí misma, “definitivamente,  ahora el tiempo está pasando más rápido”. ¿Habré exagerado? Tal vez un poco.

mujer con estres

¿Les suena? Yo creo que sí. Sin embargo, cuando tengo un día muy ajetreado, no me pasa eso. Ese día soy super eficiente. Me levanto en punto, me alisto,  desayuno, dejo los platos lavados (a veces), salgo a trabajar, a mitad de mañana hago un pago, almuerzo, en la tarde vuelvo a trabajar, regreso a mi casa, salgo a trotar, como algo, hago una tarea del taller de escritura, hablo por teléfono con una de mis hermanas y me acuesto a dormir. ¿Qué pasó con el tiempo? Es como si el día ocupado tuviera más horas disponibles.

El término medio

agenda

Hay un dicho de las abuelas que no pierde vigencia: NI TANTO QUE QUEME AL SANTO, NI TAN POCO QUE  NO LO ALUMBRE. Si tienen más de cincuenta años o andan por ahí cerquita, posiblemente lo hayan completado en la mente mientras leían. Para quienes no lo conocen, digamos que habla de aprender encontrar el justo medio de las cosas. Volviendo al ejemplo anterior, la idea es aprender a organizar las actividades del día, sin convertirnos en esclavas de la agenda. Y no digo que sea cosa fácil, pero vale la pena. ¿Saben por qué? Porque esa sensación de no tener tiempo para nada (nunca es cierto), hace que un gusanillo de estrés ande caminando a toda hora por nuestra mente y estómago, para al final del día quedar con la sensación de “no haber hecho nada” y de que “el tiempo se esfumó” inexplicablemente. Seguramente hicimos un montón de cosas, de manera desordenada, pero lo que en últimas queríamos hacer, se quedó en veremos.

Dejar las cosas para después

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Hay un término  que está de moda: procastinar. La RAE indica que la forma adecuada de usarla es PROCRASTINAR. Su definición: aplazar, dejar las cosas para después. Es más, puede convertirse en un trastorno del comportamiento. Cuando tenemos demasiado tiempo disponible, ya sea porque no trabajamos con los mismos horarios de antes, estamos jubiladas, nuestros hijos crecieron o por la razón que sea, sin darnos cuenta nos volvemos procastinadoras (o procrastinadoras) frecuentes. Algunos ejemplos:

-El lunes empiezo a salir bien temprano a caminar ( hay que especificar cuál lunes).

-Tengo pico y placa, mejor voy mañana al banco (mañana resulta que hay una cita médica o llega una visita inesperada).

-En dos días se vence el SOAT, la revisión técnico mecánica, la cuenta de los servicios que además es de dos meses, todavía queda un día, mejor ir mañana (y mañana cae tremendo aguacero, amanecemos con gripa, se daña la nevera).

-Ahorita te llamo (algún día llamará, pero seguro no será ahorita)

-Desde  mañana empiezo a comer ensalada (hoy no porque no he hecho mercado, mañana tampoco porque tengo una invitación a almorzar y no la voy a desperdiciar comiendo “pasto”).

-En estos días te visito (si…claro).

-Tengo que teñirme el pelo, ya se me ven las canas. Tengo pereza, mejor voy la otra semana  (invitación inesperada a almorzar con las amigas del colegio, tocó poner a correr a todo el mundo para tener el pelo “al pelo”…estrés).

perros corriendo

Y bueno, ejemplos hay por montones. Este vicio de dejar las cosas para después nos genera un estrés innecesario, problemas con los demás y nos hace sentir, permanentemente, que tenemos cosas pendientes. Bueno, tampoco estoy diciendo que no aplacemos de vez en cuando algunas cositas, pero la verdad, si nos organizamos, seguro disfrutaremos mucho más de ese tiempo libre que tanto nos merecemos.

El tiempo y el paso de los años

la muerte

Quienes alcanzamos la cincuentañez y más, hemos experimentado muchas situaciones increíbles en los que prácticamente el tiempo ha pasado volando o eventos difíciles en los que el tiempo nos ha parecido eterno.

La forma en que percibimos el tiempo es relativa, pero el paso de los años es inexorable. Llega un momento en el que al fin  aprendemos a valorar la vida. La muerte se convierte en una realidad no tan ajena, sobre todo porque muchos seres queridos a nuestro alrededor empiezan a partir, ya sea por enfermedad o por longevidad. Y entonces caemos en la cuenta, de que lo único con lo que verdaderamente contamos, es con el presente. No me estoy poniendo trágica. Para nada. La muerte es una realidad que nadie puede evadir. Pero el saberla segura, nos permite hacernos conscientes de la importancia de la vida que tenemos AHORA. Si, ya se. Pueden estar pensando que están cansadas del bendito discurso Nueva Era del aquí y el ahora. Pues no, mis queridas amigas, esto de vivir el presente no es algo que se puso de moda. El presente SIEMPRE ha estado de moda. Lo que pasa es que entre sueños, planes, miedos y remembranzas, se nos ha olvidado disfrutar de él.

Para concluir, retomo esta frase: si nos organizamos, seguro disfrutaremos mucho más de ese tiempo libre que hemos ganado y  que tanto nos merecemos.

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3 comentarios sobre “No tengo tiempo

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