No pareces de…

Que tire la primera piedra quien no se haya sentido halagada con el piropo “¿en serio tienes esa edad? No pareces de…(30 y de ahí para arriba)”. Es decir, te acaban de decir que tu edad es una especie de defecto que no se te nota,  como si fuera una mancha, un grano, algo que hay que ocultar a toda costa. Parece que a partir de los treinta años, no volvemos a tener la edad correcta y a medida que pasa el tiempo, la cosa se pone peor.

cumpleaños

¿No les parece absurdo? En estos días compré algunos productos para la piel. Espero usarlos con disciplina esta vez. Recuerdo cuando cumplí treinta años. Hice un mercado de cremas antiedad, humectantes, limpiadoras, astringentes y no me acuerdo qué más. Fue la primera vez que se me apareció el fantasma de la vejez como una amenaza real. Sin embargo, el espejo me devolvió una cara que yo consideraba llena de vitalidad y una que otra línea por andar riéndome de todo y bronceándome (todavía no estaban de moda los bloqueadores solares), así que las cremas envejecieron  antes de ser usadas y terminaron en el tarro de la basura. A los cuarenta hice el mismo mercado. En poco tiempo llegaría la premenopausia y había que prepararse. Las cremas terminaron en el mismo lugar que las de diez años atrás. El espejo me seguía devolviendo un rostro que me gustaba, no me desgradaban las nuevas arrugitas y así llegué al día de hoy con mi nueva remesa de cremas. Esta vez las usaré. No para detener lo inevitable, sino para darle más salud al mi piel. Las cremas no me llevarán hacia atrás en el tiempo, ni detendrán el paso de los días (cualidad que sólo tiene la muerte). Digamos que es una manera de consentirme, tratarme bien, en esta edad que acepto y disfruto.

Si, señora

mujeres

Hace tiempo llegué a ese punto en el que me dicen, buenos días SEÑORA, qué se le ofrece SEÑORA, y si pregunto algo me contestan, SI SEÑORA. Por fin sonrío sincera, sin sentirme una venerable anciana. Pero debió pasar mucho tiempo antes de que yo aceptara que me ven como una señora. Yo sé parece absurdo, pero es que en mi mente las señoras eran como mi madre, mis tías, algunas vecinas, mis profesoras del colegio. De alguna manera los años pasaron, crecí, me transformé, pero dentro de mí no me enteré de eso. Y resulta que de un momento a otro, me convertí en una señora como mi madre, mis tías, vecinas  y profesoras de colegio. Ustedes pueden estar pensando que ahora las mujeres nos vestimos distinto, somos más activas, vamos al gimnasio, nos vemos más juveniles. Si y no, mis queridas amigas. Siento decirles que entre nosotras nos vemos así, pero los jóvenes, nos ven como SEÑORAS. Y ¿saben? No es ningún pecado, ni defecto de fábrica, ni insulto. Nos guste o no, tengamos hijos, nietos, sobrinos o no, seamos solteras, casadas, divorciadas, viudas o cualquier otro estado civil que se me haya quedado fuera del tintero, nos volvimos SEÑORAS.

Cuando tenga tu edad quiero ser como tu

Creo que ese es el mejor piropo que he recibido en mucho tiempo. Podría haberme ofendido, pero no. Me sentí orgullosa de mostrar que a mi edad se puede vivir bien, se tienen sueños, proyectos, se sigue aprendiendo, la vida está llena de posibilidades.

Facundo Cabral lo dijo de manera muy bella en su canción ESTE ES UN NUEVO DÍA. Cierro este artículo compartiéndola con ustedes.

4 comentarios sobre “No pareces de…

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