Nostalgia

Existe la creencia (muy generalizada por cierto), de que después de los cincuenta somos “negados” para la tecnología. Y es una creencia sin lógica, porque si una generación ha vivido en carne propia la transformación de la vida con los avances tecnológicos, es la nuestra. Pasamos de tener tres canales de televisión, en blanco y negro, sin control remoto, a innumerables servicios de cable, netflix y las plataformas que van saliendo cada día. En nuestras casas había un solo televisor y nos sentábamos a ver películas o telenovelas juntos. Los teléfonos eran de disco (¿se acuerdan?) y a uno le podían escuchar las llamadas telefónicas desde otra habitación. Ni hablar de las fotos, de la espera de una semana para verlas reveladas. Además nos sabíamos de memoria un montón de números telefónicos. Cuando estábamos desocupados leíamos, hacíamos crucigramas, jugábamos en la calle, escribíamos cartas, teníamos juegos de mesa de todas clases, inventábamos historias, pero lo mejor de todo es que hablábamos mirándonos a los ojos.

No voy a caer en el viejo cliché de “todo pasado fue mejor”, para nada. A mí me encanta mi teléfono inteligente, escribo mis artículos con el computador, la tableta o el celular. Uso Google Maps o Waze para llegar a lugares que no conozco y tengo bastante grupos de whatsapp. Pero no he perdido la memoria. Hay costumbres del pasado que me hacen falta y que podría recuperar si me lo propusiera.

El placer de la conversación

conversacion

Yo creo que los mensajes de texto y las redes sociales nos han cambiado la vida. Nos permiten ponernos de acuerdo para hacer citas, compartir imágenes, videos y publicaciones que nos informan, motivan, divierten, nos ponen a pensar, nos entretienen. Podemos contactarnos con seres queridos que están lejos, reencontrarnos con viejos amigos, aprendemos de otras culturas y hacemos nuestros propios aportes. Entonces, ¿cuál es el problema? Como siempre, nosotros. Es que la comodidad es adictiva. Eso de no tener que mover sino los dedos, ahora sólo uno porque ya nadie quiere escribir mensajes sino grabarlos, nos ha vuelto perezosos. Las cosas están al revés. La tecnología parece que ya no está a nuestro servicio, sino que somos esclavos de ella.

Ninguna carita o emoticon reemplaza la mirada brillante de alguien que nos está contando que se ha enamorado, o las manos que se agitan con la emoción de una experiencia emocionante, o los ojos tristes de quien ha sufrido una pérdida o un suceso amargo o el sonido de una buena carcajada. Cada día salen más caritas, ya ni sabemos qué significan (confieso que a veces uso las equivocadas y que hasta el sol de hoy, no tengo ni idea qué significan muchas de ellas).

Y si, creo que vale la pena este viaje en el tiempo, esta nostalgia de recordar cómo se hacían las cosas en otras épocas. Pero ¿saben?, tiene solución. Agarrar el celular, mirar el directorio, buscar el número de una amiga, un pariente, dejar las redes a un lado y sacar tiempo para compartir un rato frente a frente.

Bajar el ritmo

lectoraplaya

En estos días leí que de un tiempo para acá, que cada vez de publican libros más delgados, porque la gente se desmotiva si los ven muy gruesos. He visto por ahí la publicidad de algunas empresas que ofrecen cursos de lectura rápida para poderse leer una novela en dos días. Vivimos de afán. ¿Les ha pasado que encuentran un texto largo en internet y les da pereza leerlo completo? Yo pertenezco al grupo de los románticos que aman leer un libro y llevarlo en la cartera para leerlo en ratos libres, meterle todo tipo de papelitos como separadores de página y reírme sola o soltar una que otra lágrima mientras leo. Creo que soy afortunada. Pero para poder hacerlo, he tenido que bajar la velocidad, sentarme, tomarme un respiro de esta vida que según dicen todos, va a toda prisa, con días que pasan sin enterarnos.

He llegado a la conclusión de que el único enemigo de la lectura, esa sabrosa y lenta, no sólo es la pereza, sino la prisa. Me he dado cuenta de que a mi edad, he ido bajando el ritmo poco a poco y eso me gusta. Pero con frecuencia me dejo contagiar de la tendencia a hacer mucho, rápido y degustar poco. Así que propongo detenernos, bajar la velocidad y hacer del tiempo nuestro aliado, para hacer las cosas que nos gustan.

Y esto aplica no sólo a leer, puede ser para hacer eso que siempre nos gustó y abandonamos por andar pegados al teléfono: tejer, pintar, escribir, tocar la guitarra, cocinar, bailar, soñar, disfrutar de la vida sin mirar el reloj ( o el celular).

Bienvenida la nostalgia

camara antigua

Vivimos en tiempos del AQUI Y AHORA, y eso está bien. Pero una cosa es aprovechar el presente y otra muy diferente, despreciar nuestra propia historia. Si nos dedicamos a rumiar culpas, reproches o a desear que el tiempo se devuelva, obviamente el pasado se vuelve un enemigo. Pero la nostalgia es otra cosa, es valorar nuestra historia, tomar lo que nos sirve, perdonar o dejar atrás lo que nos atormenta. Y como dice Serrat en su canción, PEQUEÑAS COSAS, a veces recordar nos hacer llorar, aunque nadie nos ve. Pero no son malas lágrimas, son lágrimas de vida.

Para terminar, aquí les dejo la canción. Espero que la disfruten tanto como yo y si se les pone “el ojo aguado”, pues nada, son de carne y hueso. Bienvenida la nostalgia.

2 comentarios sobre “Nostalgia

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