Es un decir…

La boca con la que bendices, acaricias, alabas,

también insulta, acusa, juzga

Los labios con los que besas, saboreas, sonríes,

también muerden, rompen, desprecian.

Con tus palabras creas, enseñas, amas,

también destruyes, aterrorizas, ofendes.

Es un decir, así te enseñaron.

Dicen por ahí

y me consta,

que de buenas intenciones

está tapizado el infierno.

El poder de la palabra

Mi caminar ha transitado rumbos diversos, por elección propia o sin haberlos buscado de manera consciente. En todos, sin excepción, la palabra ha marcado mis rumbos. Ser madre, hermana, amiga, maestra, hija, amante, aprendiz de escritora, me ha permitido volver sobre mis palabras, aprender de lo escuchado y lo dicho. Ha habido ocasiones en que he herido, en otras he ayudado a sanar, he acompañado o he abandonado, he sido bondadosa y también he sido cruel. He aprendido más de los errores que de los aciertos, como por ejemplo, he tenido que sufrir las consecuencias, de usar lo que lo llamo, las expresiones mentirosas y peligrosas.

Expresiones mentirosas y peligrosas

¿Quién no las ha usado? Aquí les traigo algunos ejemplos:

TODO EL MUNDO, NADIE, NUNCA, SIEMPRE, TODOS LOS HOMBRES, TODAS LAS MUJERES, TODOS LOS NEGROS, TODOS LOS GRINGOS, TODOS LOS NIÑOS, TODOS LOS BORRACHOS, NINGUNA PERSONA, EL CIEN POR CIENTO (quedaron por fuera un montón).

O…NO PUEDO VIVIR SIN TI, TU ERES MI VIDA, TE NECESITO, TODA MI FAMILIA LO DICE, TODOS SABEN, SOLO TU ME COMPRENDES, NADIE ME QUIERE, HASTA UNA LECHUGA ME ENGORDA, TODO SE TE CAE (o se me cae), CADA VEZ QUE HABLAS LA EMBARRAS, NADA ME SALE BIEN, ESTOY SALADA, SOY BRUTA PARA LOS NÚMEROS, LA TECNOLOGÍA ME ATROPELLA (les dejo a ustedes la tarea de continuar con la lista).

Me dirán que es un decir, que así habla TODO EL MUNDO (¿será cierto?), pero estas expresiones no reflejan una realidad, sino que exageran, generalizan, discriminan, descalifican, ofenden, desinforman, excluyen, juzgan, agreden. Yo no me siento igual a todas las mujeres, ni a todas las latinas, ni a todas las cincuentañeras, ni a todas las blogueras, ni a todas las madres. Y seguramente cada persona que está leyendo estas palabras también se sabe diferente, particular, única, imposible de definir.

En una ocasión, mientras asistía a un taller de meditación Zen, el maestro que dirigía la práctica nos dijo: no vengo a enseñarles a respirar, ustedes y ya lo saben, si no fuera así estarían muertos. Lo que él nos compartió fue técnicas de meditación a través de la respiración consciente. Así mismo, yo no pretendo decirle a nadie cómo hablar, es algo que todos saben, vengo a proponer la comunicación consciente. No para alcanzar estados de iluminación, sino para mejorar nuestras relaciones y nuestro diálogo interno.

Madurez rebelde

Me gusta pertenecer a esta nueva generación de personas que han llegado a la madurez y se cuestionan, que no tragan entero, que aceptan haber estado equivocadas y deciden cambiar el rumbo de sus vidas. Personas que son capaces de decir BASTA, no sólo a quienes las irrespetan o no las valoran, sino también a sus preconceptos, a esas costumbres arraigadas que ya no les aportan y que a pesar de ser difíciles de cambiar, una vez transformadas permiten ver y vivir la vida desde otra perspectiva.

Qué bonito y valiente es desobedecer a esas verdades absolutas que encierran a todos en una misma categoría. Cada persona es un universo complejo, con sus particularidades, su manera de ver la vida y moverse por la existencia. Qué liberador resulta aprender a decir con seguridad YO PIENSO, YO CREO y aceptar que el otro, la otra, puede que estén de acuerdo, pero quizás no, y estará bien. Qué importante resulta entonces, aprender a detenerse un momento, un nanosegundo, antes de hablar.

Les propongo revisar el uso de las expresiones “es un decir” o “así habla todo el mundo” y empezar a apoderarse de esta lengua maravillosa (nuestra boca, el lenguaje, el idioma), para llamar las cosas por su nombre, sin eufemismos, con valentía y sobre todo, con conciencia. Alguien me decía alguna vez, que si uno se la pasa pensando cómo hablar pierde la espontaneidad. Yo no digo que carguemos un diccionario debajo del brazo (no es tan mala idea). Lo que propongo es expresarnos, comunicarnos, no vomitar palabras sin control. Y no digo que sea fácil, pero vale la pena intentarlo.

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