Decir adiós

Si no la nombramos, quizás no venga, se tarde, nos regale más tiempo con aquellos a quienes amamos. Absurdo… como si al cerrar los ojos hiciéramos desaparecer la noche o si al taparnos los oídos la música dejara de existir. Si no pronuncio su nombre o uno de ellos (cada cultura la ha llamado de manera diferente), podría lograr el milagro de espantarla. Pero ella no sabe de agendas humanas, ella, la muerte, aunque raramente es invitada, siempre llega puntual a la hora señalada.

Este milagro que llamamos mente, que llamamos consciencia, además de permitirnos crear, imaginar, desarrollar teorías filosóficas, científicas, construir conocimiento, es también nuestra tragedia. Somos los únicos (que yo sepa), entre los seres vivos de este planeta, que sufrimos ante el inapelable llamado de la muerte.

LA CINCUENTAÑEZ Y LA MUERTE

Es posible que muchos de los que llegamos a los cincuenta y más, hayamos experimentado una o varias despedidas a lo largo de nuestra vida. Y es posible también, que a nuestra edad, esas despedidas se hagan más frecuentes. Hemos acumulado velas en el pastel de cumpleaños y también los seres que nos rodean: madres, padres, pareja, amigos, parientes cercanos y lejanos. Ellos también han sumado días a sus vidas y con ellos la probabilidad de acercarse al final de sus humanas existencias.

No te vayas. Quédate conmigo. Sigue leyendo, respira, suelta ese miedo que se siente enfrentar lo inevitable, el adiós para siempre. Y es que más que la propia partida, le tememos a la de nuestros seres queridos. Quisiéramos que sus voces siguieran cantando, que sus palabras no se callaran, que la piel de sus manos no se enfriara. Pero pasará. Y será triste y nos sentiremos vacíos por un tiempo y oleremos su ropa y recordaremos sus historias. Pero un día, el recuerdo se volverá un canto a la vida, y quizás nos cueste recordar sus facciones y tengamos que recurrir a viejas fotos para volver a ver su rostro. Y entonces, si así lo decidimos, miraremos atrás con gratitud y alegría.

MIEDO A LA MUERTE

Por muchos años trabajé en un hogar geriátrico. Mis alumnas y alumnos me enseñaron a ver la muerte de una manera menos dramática y más natural. Y aunque la mayoría de ellos eran católicos fervorosos, acostumbrados a llorar la muerte y a guardar luto, me enseñaron la alegría de recordar con gratitud a los que ya no están. Muchos de ellos perdieron en el camino a sus propios hijos, que también habían envejecido con ellos y con admiración, fui testigo de sus duelos profundos y al mismo tiempo, de su valentía y ganas de seguir viviendo.

Teníamos una costumbre cuando uno de ellos moría: hacíamos una oración por su paz y su encuentro con Dios y luego, lo aplaudíamos. Y con gozo recordábamos su risa, las alegrías compartidas, sus dones, esas pequeñas cosas que la diferenciaban de las otras personas y la hacían maravillosa. Al final una de ellas me decía: y bueno, a qué hora es que vamos a empezar a bailar. Entonces la música se encendía y la vida seguía.

EL PASADO IMPOSIBLE DE BORRAR, EL FUTURO IRRECUPERABLE

Sin importar las creencias, hay frases que nos impiden decir adiós de una vez por todas y seguir adelante, como si tuviéramos una herida en la piel y sin piedad nos diéramos golpes sobre ella aumentando la tortura. Aquí, algunas:

*Si yo hubiera dicho, hecho, ido, compartido, amado, visitado ( nos lamentamos por algo que ya fue y no se puede cambiar)

*El, ella, podría haber hecho, dicho, viajado, estudiado, amado, vivido (nos aferramos a sueños que ya no tiene sentido seguir soñando).

*¿Por qué a mí? ¿Por qué a ella o él? ¿Por qué tan rápido? ¿Por qué tan lento? (buscamos explicaciones que jamás recibirán respuesta).

CANTO A LA VIDA

Mi padre decía que la muerte es parte de la vida. Fue un hombre que tuvo que aprender a vivir cada día, con un cuerpo frágil que contrario a los pronósticos médicos, vivió treinta y cinco años más desde que lo desahuciaron. Vivió con la sombra de la muerte a su espalda. Pero…¿y es que alguno de nosotros no vive con esa misma sombra?

Pues bien, tenemos dos opciones: o vivimos muertos del miedo o le sacamos el jugo a la vida. Si, así como lo oyen, con una expresión bien colombiana. Yo no le puedo decir a nadie cómo sacarle el jugo (aprovechar) a su propia vida. Sólo sé cómo hacerlo con la mía.

Estoy segura de que tu, que fuiste valiente y llegaste al final de este texto, sabes cómo hacerlo con la tuya. Es tu opción, eres libre para elegir. Quizás estés pasando por momentos difíciles; si es así y sientes que no puedes sola, solo, que la cosa te está quedando grande, también tienes la opción de buscar ayuda (de un amigo, un ser querido, un profesional).

Yo, por mi parte, aquí estoy, sacándole el jugo a la VIDA, escribiendo sobre un tema que nos hace “pasar agachados”: la muerte. Pero en últimas lo que estoy haciendo, es cantándole a la vida.

Gracias de nuevo por tu vida… entrelazada con la mía.

2 comentarios sobre “Decir adiós

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  1. Regio Anita! A sacarle jugo a la vida, Gracias

    On Tue, May 19, 2020 at 11:29 Cincuentañez y más… wrote:

    > cincuentanezymas posted: ” Si no la nombramos, quizás ella o él (como sea > que imagines la cara que tenga), no venga, se tarde, nos regale más tiempo > con aquellos a quienes amamos. Absurdo… como si al cerrar los ojos > hiciéramos desaparecer la noche o si al taparnos los oído” >

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