El Arte de Consolar

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Hace poco mi hijo y yo nos despedimos de Gaia, nuestra perrita. Nunca me imaginé que me sentiría tan desolada; Gaia fue un ser muy amado en este hogar, con quien compartimos muchos años, experiencias, vida. Dejó muchos recuerdos y no verla, una sensación de vacío y tristeza. El duelo por la ausencia de un ser amado, sea quien sea, es una experiencia individual, personal, íntima, profunda, única. Nuestra mente racional nos dice: está bien, ya era tiempo, estaba sufriendo, hay que sentir gratitud por lo vivido, recuerda lo bueno…pero nuestro corazón, necesita CONSUELO.

GAIA

Y a partir de esta experiencia, de esta necesidad de consuelo, empecé a preguntarme. ¿Sabemos consolar? ¿Hay una mejor manera de consolar a alguien que tiene su corazón o su alma heridos, ya sea por la muerte de un ser querido, una separación, un cambio de trabajo, la venta de una casa donde se han vivido por años, la partida de un hijo que decide abrir su propio hogar, una quiebra económica (y muchas pérdidas más)?

El hecho de tener cierta edad y tal vez, haber vivido muchos duelos personales no nos hace, necesariamente, expertos en el arte del consuelo. A veces, de buena fe y con amor sincero, en lugar de consolar, atosigamos, abandonamos, intentamos racionalizar la tristeza, las pérdidas, hacemos transferencias de nuestras propios dolores con los ajenos. Yo no soy una experta en el arte de consolar, pero quiero aprender, por mí misma, por todos aquellos que, llegado el momento, se acerquen a mí en busca un hombro, un momento de escucha, un abrazo, un estar ahí, sincero, amoroso, empático. Esta reflexión no pretende reemplazar a un terapeuta; a veces, las tristezas se quedan pegadas en el alma por demasiado tiempo y es preciso recibir ayuda.

El arte de escuchar desde el corazón

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En otros artículos he hablado del arte de escuchar, de la importancia de callar el diálogo interno cuando alguien nos habla, de poner nuestros sentidos en nuestro interlocutor. Sin embargo, a la hora de consolar, más que oídos, es preciso poner el corazón, activar la compasión, es decir, el acompañamiento amoroso, la escucha tranquila, paciente, porque quien está en dolor necesita hablarlo, sacarlo, derramarlo, para poder llenarse de nuevo de vida, de esperanza, de valentía para seguir adelante.

A la hora de consolar, hay una palabra clave, la empatía, que más que la capacidad de ponerse en el lugar del otro, se trata de entender lo que le sucede, de respetar su sentir. Evidentemente, es imposible saber qué es estar en el lugar de otra persona, así nosotros hayamos vivido experiencias similares; para hacerlo, habría que estar, no sólo en sus zapatos, sino bajo su piel, dentro de su historia, sus experiencias, su manera de percibir y ver la vida. Ponerse en el lugar de esa persona que sufre y a quien le ofrezco consuelo, es comprender que su sentir es diferente al mío, único.

A partir de lecturas y conversaciones sobre el tema del consuelo, encontré que hay algunas habilidades importantes a la hora de consolar, de ser empáticos. En primer lugar, es indispensable ser capaces escuchar, de manera atenta y sobre todo, paciente (quien vive un duelo suele ser reiterativo, necesita hablar y con frecuencia cuenta una y otra vez, lo vivido, lo que siente); respetar el sentir y las decisiones de la persona a quien queremos apoyar, aunque nosotros sintamos y pensemos diferente; convertirnos en buenos observadores, a veces, quien necesita de nuestro apoyo, de dientes para afuera dice que está bien, pero su postura, el tono de voz, los gestos, dicen todo lo contrario; comprender que a veces no hay que hacer nada, sólo estar, de manera tranquila y con frecuencia, silenciosa; aceptar que es imposible evitar que la otra persona sufra y a pesar de eso, estar ahí; ser solidarios, sin apropiarnos del dolor de los demás y, finalmente, soltar la culpa de ser felices mientras otras personas pasan por momentos difíciles.

Recibir consuelo

Esta bien ser fuertes, haber pasado por mucho y saber que no nos derrumbamos con facilidad. Pero…también está bien sentirnos tristes, buscar un hombro, tomar el teléfono y decir, necesito ayuda, consuelo, ser escuchada, ser sostenida aunque sea sólo por un momento. Que al otro lado de la línea o frente nosotros, haya unos ojos amables, unos oídos atentos, un aquí estoy, cuentas conmigo, lo siento, te invito a un café o a dar un paseo, llora, suéltalo todo…sin juicios, sin lástima, con amor sincero, eso, no tiene precio.

Pero, la primera persona de quien debes recibir consuelo es, de TÍ.

De todo corazón espero que cuando estés viviendo un duelo, siempre haya alguien a tu lado. Pero a veces no lo hay y aún habiéndolo, es imprescindible que seas capaz de ser tu propio consuelo. Tu seres queridos tarde o temprano se irán a su casa, cerrarán los ojos para dormir y tu única compañía serás tú misma, tú mismo. ¿Cómo hacerlo? Como lo harías con otra persona que necesita consuelo, apoyo.

Te invito a mirar cómo andas en el ARTE DE CONSOLAR, de acompañar, no desde la lástima o el miedo, sino desde el AMOR.

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Por cincuentanezymas

Mujer, amiga, hermana, madre, educadora, loca, cuerda, trabajadora, vaga, deportista,creativa, independiente, librepensadora,audaz, temerosa. Un ser humano común y corriente, enamorada de la vida.

3 comentarios

  1. Muchas gracias Ana María. Las perdidas son inevitables, son parte de vivir. Me gusto tu punto de vista y lo que investigaste para escribir este blog: escuchar, respetar, observar, comprender, aceptar, ser empáticos y solidarios y liberarnos de la culpa cuando no soy yo quien esta de luto. Eso es aprender a acompañar con amor.

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  2. Hola Anita. Bien escrito 👍🏼Conozco a Jesús y cuando él ascendió al cielo nos dijo que el Espíritu Santo vendría a estar con nosotros, en nosotros. Su nombre: Espíritu Santo significa alguien que está a tu lado para CONSOLARTE, ayudarte… Y él tiene todas las habilidades (y aún más) que tú mencionas.

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