Ser paisaje

Photo by Pixabay on Pexels.com

Me costó aceptar que ahora formo parte del paisaje. Que cuando camino por la calle, soy invisible a los ojos de tantos. Y está bien. No me interesa. Me gusta ser como el cielo del crepúsculo, pintado de colores suaves que no hieren los ojos y acarician el alma.

Voy a nadar varias veces por semana. Cuando llego a la piscina saludo a uno que otro mientras esparzo bloqueador solar sobre mi piel. Algunos contestan, otros, ni siquiera se dan cuenta de que me ignoran. Me pongo las gafas y el gorro, saludo al entrenador, recibo instrucciones, llevo a cabo juiciosa el plan de entrenamiento y salgo. Mientras me seco, llega ella. Tendrá a lo sumo veinte años. Camina relajada con su tanga diminuta que deja ver sin mayores aspavientos la cintura fina, el abdomen liso, las nalgas redondas y firmes, las piernas, los brazos torneados, la sonrisa segura de quien no necesita que le digan que es bella, porque de sobra lo sabe. Ellos la miran, yo también. Ellos, con disimulado deseo, yo, con nostalgia. Me sonrío, me digo a mí misma que poseo otra belleza.

Photo by nappy on Pexels.com

Me llevó tiempo llegar a este punto. La juventud tiene su propia e innegable belleza, sin importar el color de la piel, el peso, la estatura, los rasgos de cada raza. Pero pasa pronto. Un día cualquiera te miras al espejo. Das un brinco al ver esa extraña y vieja imagen que te mira sorprendida. Sientes que no eres eso, que la juventud sigue allá adentro, en tus sueños y más profundos anhelos. Y tienes razón. No eres una cara o un cuerpo, eres mucho más que eso.

Cuando somos jóvenes nuestra imagen se construye con los ojos de los otros; nos definen sus opiniones, sus halagos y piropos, pero también sus críticas y rechazos. Con la misma facilidad nos suben al cielo o nos entierran en el infierno. Y vivimos la vida como una montaña rusa, hasta que un día descubrimos que lo que somos no es definible. Lástima que tardemos tanto tiempo para comprenderlo. Un día cualquiera, el espejo nos sorprende al mostrarnos un impresionante paisaje pintado con nuestra historia, con lo que sentimos que somos por dentro.

Photo by Frank Cone on Pexels.com

A veces soy cielo estrellado, otras, crepúsculo; soy río impetuoso y también un quieto remanso; soy árbol, ave, pez, viento, lluvia, brisa, sol inclemente. Y aunque el paisaje cambie y a veces sea de día o de noche, soy…siempre soy…VIDA.

Por cincuentanezymas

Mujer, amiga, hermana, madre, educadora, loca, cuerda, trabajadora, vaga, deportista,creativa, independiente, librepensadora,audaz, temerosa. Un ser humano común y corriente, enamorada de la vida.

8 comentarios

  1. Gracias querida ser paisaje, estar en comunión con el otro, con lo otro es la esencia de la vida, lo normal es ser, sin más pretención, soy porque eres, soy porque somos, un abrazo 🤗

    Me gusta

  2. Genial. Totalmente de acuerdo contigo. «Que cuando camino por la calle, soy invisible a los ojos de tantos. Y está bien. No me interesa. Me gusta ser como el cielo del crepúsculo, pintado de colores suaves que no hieren los ojos y acarician el alma».
    Llenar la vida por ti mismo y no con los ojos de los demás. Tu «felicidad», tu vida está en tus manos, has dejado de ponerla en manos «del otro». Eso es libertad.
    Una estupenda reflexión. Un abrazo, amiga.

    Le gusta a 1 persona

  3. “Soy siempre..soy…VIDA” inyectándola en cada etapa de nuestras existencias, con el mismo espíritu renovador, que es el que nos hace sentirnos siempre jóvenes, independiente de la apariencia física!! Saludo mi querida Ana María, excelente reflexión 🤗

    Me gusta

  4. Any, disfruto tu lenguaje, tu interpretación y tu forma de decifrar con tal sutil y selecto vocabulario la forma en que yo no sabría describir esto de la cincuentañez…. contigo me siento que no soy la única que se siente bien y disfrutando el ser invisible a tantos…. Gracias!

    Le gusta a 1 persona

  5. Gracias Ana María. Hoy en día todos somos paisaje, casi nadie se fija en el otro, menos en esta ciudad. Pero el sentido que le das es diferente y estoy de acuerdo que cada etapa de nuestra vida pinta un paisaje colorido y diferente. Gracias a Dios por la vida, por la niñez, juventud, edad adulta y ancianidad con todo su aprendizaje.
    Muchas gracias por tus reflexiones. Abrazos y bendiciones

    Me gusta

Responder a Leti Cancelar la respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: