¿A quién envidias?

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No me he salvado de la envidia. Si alguno de ustedes ha logrado evadirla…mis respetos. La envidia es una de las tantas emociones humanas. Cuando otra persona o grupo de personas tienen algo de lo que uno siente que carece y además desea, la envidia hace su entrada triunfal, así nada más, sin pedir permiso. La cosa es…¿crece?, ¿se vuelve una obsesión?, ¿nos amarga la vida?, ¿queremos que la otra persona no tenga lo que envidiamos o lo pierda?, ¿nos da rabia ser testigos de su éxito, su apariencia, los lujos que se da, los viajes que hace?. Es allí cuando esa emoción, tan común, tan humana, nos empozoña.

LA ENVIDIA ¿es buena o mala?

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Unos dicen que hay «envidia de la buena»; otros, que la envidia es mala, que es una emoción mezquina, que de buena, no tiene nada. En mi opinión ambas visiones podrían ser ciertas; depende de qué despierte en quien la sienta. Puede ser un motor para la acción, una manera de decirnos a nosotros mismos que también podemos hacerlo, a nuestra manera, no con el fin de competir (bueno, a veces sí), una especie de empujón interno si es que decidimos darnos la oportunidad de hacer u obtener eso que «envidiamos». Pero también puede despertar el deseo furioso de que la otra persona fracase, detestar cada noticia de sus logros (materiales, profesionales, deportivos, artísticos, etc.), odiar su éxito y, en el camino, odiarnos a nosotros mismos al comparar nuestra vida con la suya.

GINA, LA TRIATLETA

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Gina es una amiga a quien admiro mucho, ya pasa de los 60 años, en el pasado no fue deportista, pero un día le picó el «bicho» del triatlón, se puso metas y sin ser la más veloz en ninguna de las tres disciplinas que conforman ese deporte (natación, ciclismo y atletismo), ha logrado ir más allá de lo que otras personas, con menos edad y más habilidades, han llegado: ha participado en varias triatlones, maratones, medio Ironman y el próximo año irá a un Ironman completo. Comenzamos a entrenar al mismo tiempo; ella ha seguido adelante, yo me detuve. La he visto progresar, he sido testigo de sus hazañas. ¿Saben? Envidio su tesón, su capacidad para retarse, para no darse por vencida. Ella conoce sus límites pero ellos no la limitan, es realista, lo da todo, disfruta del proceso (duro, muy duro) y nos inspira a quienes la conocemos. ¿Qué me ha enseñado esta pequeña envidia? Que puedo transformarla en admiración, inspiración.

Y como esta amiga, me siento honrada de conocer un montón personas que me inspiran, por sus talentos, sus logros (no importa el tipo o el tamaño), la capacidad para enfrentarse a las adversidades, la valentía con que han atravesado momentos oscuros. No digo que sus vidas sean perfectas, que vivan a toda hora muertas de la risa. Como todos, han tenido miedo, tristeza, cansancio, pero ahí están, siendo inspiradoras. Si me dedicara a envidiarlas, en el sentido mezquino, mi vida sería un infierno, al mirarme al espejo en lugar de sonreírme a mí misma, sentiría vergüenza.

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Cuando pasamos de los cincuenta, sesenta, setenta o más, muchas de nuestras habilidades se transforman. Y pueden, sin que nos demos cuenta, aparecer formas de envidia que en lugar de inspirarnos contaminen nuestro aire con amargura y desesperanza.

El tiempo no da marcha para atrás, quizás la piel no sea tan tersa o algunas de nuestras habilidades no estén tan afinadas. Sin embargo, con el paso del tiempo desarrollamos otras que son fruto de la experiencia, de haber vivido más: la visión global de las cosas, la compasión, la capacidad de reírnos de nosotros mismos, la generosidad, una velocidad más lenta que nos permite admirar más el paisaje en lugar de correr como locos para alcanzar metas y metas (entro otras).

No estoy en contra de hacernos «reparaciones varias», cada persona tiene derecho de hacer con su cuerpo lo que quiera, ojalá sin hacerse daño a sí misma, las motivaciones son de todo tipo, no estoy aquí para juzgar a nadie; tampoco digo que la edad y manejar las nuevas tecnologías sean inversamente proporcionales o que ya no es tiempo de estudiar otra carrera o asumir nuevos retos. Pero yo me pregunto ¿hasta cuándo vamos a permitir que nuestro bienestar y paz interior dependan de esa costumbre (también humana) de compararnos de forma permanente con los demás? Incluso hay quienes sienten envidia de sí mismos, del aspecto y de las experiencias de su propia juventud. Suena loco, ¿verdad?, bueno, así somos los seres humanos a veces.

Ojalá este blog dedicado a quienes pasamos los cincuenta, sesenta y más, también lo leyeran los jóvenes, que como nosotros a su edad, piensan que envejecer es una realidad todavía muy lejana (y espantosa). La vida es demasiado corta a veces (es que el tiempo es tan relativo…), ninguno de nosotros sabe de cuánto tiempo dispone para vivir y creo que vale la pena aprender a caminar por los senderos de la vida con más inspiración y menos envidia.

Todos poseemos dones, habilidades, aptitudes. Están allí como regalos que podemos usar (o no, no hay drama con eso). Como dicen por ahí, nadie sabe lo de nadie y a veces aquello que envidiamos de otros, no siempre los hace felices o plenos a ellos.

Yo no sé ustedes, pero prefiero agradecerme a mí misma hoy, ahora, haberme traído hasta este punto, felicitarme con todo, con los aciertos y los errores. ¿Pude haberlo hecho mejor? Tal vez sí, tal vez no, pero ya no vale la pena darle demasiadas vueltas al asunto. ¿Pude haberlo hecho como aquellas personas a quienes podría envidiar (o envidio)? No. Imposible, aún caminando en sus zapatos, mi vivencia habría sido totalmente diferente. Así que la envidia de la felicidad de otros es en últimas, es algo inservible, destructivo.

Para terminar, y como siempre, te tengo una invitación: cambiar la envidia por admiración, alegrarse de los logros de los demás, aplaudir sus éxitos, acompañar, alegrarse de sus momentos de gozo y recordar que siempre hay alguien que te admira y quizás te «envidia» un poquito.

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Por cincuentanezymas

Mujer, amiga, hermana, madre, educadora, loca, cuerda, trabajadora, vaga, deportista,creativa, independiente, librepensadora,audaz, temerosa. Un ser humano común y corriente, enamorada de la vida.

2 comentarios

  1. Gracias Ana María por tu reflexión sobre el sentimiento de la envidia. Me gusta tu forma positiva de mostrar y transformar los sentimientos y pensamientos.

    No te envidio pero si te admiro, sin conocerte veo una mujer creativa, valiente, alegre, luchadora, con empuje. Te felicito.

    Abrazos y bendiciones

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